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Catia 1100 | "La Arquitectura que Aprendió a Escuchar" Una Conversación con Gabriel Visconti


ENTREVISTADOR EQUIPO FOCUS: María Alejandra Polanía (MAP)

Arquitecta con alto interés en paisaje, diseño arquitectónico y restauración ecológica.

@mariale_Polania

DATOS DEL PROYECTO:

NOMBRE DE LA OBRA: Catia 1100 / 1100 Sistema de Equipamientos Comunitarios.

ARQUITECTOS / EQUIPO PRINCIPAL:

AGA Estudio: Gabriel Visconti, Ana Morales, Laura Di Benedetto, Rolando Campos.

PICO: Stevenson Piña, Marcos Coronel.

COMUNIDAD: Barrio Canaima – Los Frailes.

UBICACIÓN: Barrio Canaima – Los Frailes, Catia, Caracas, Venezuela.

CONTEXTO TERRITORIAL: Asentamientos Canaima y Los Frailes dentro de la estructura habitable del Parque Nacional Waraira Repano.

AÑO: 2015–2016.

FOTOGRAFÍA:

2015: José Alberto Bastidas, Patricia Henríquez.

2019: María Lennon.

TIPOLOGÍA: Sistema de equipamientos comunitarios / regeneración urbana / espacio público / urbanismo abierto.

INTERVENCIONES PRINCIPALES: La Canchita, La Ceiba, Plaza Estacional.

COLABORADORES: Rodrigo Marín, Ricardo Sanz, Karina Domínguez.

SOCIOLOGÍA: Ruth Mora, Ángel Chaparro.

GEOGRAFÍA / URBANISMO: Nelyfred Maurera.

ACTIVACIÓN CULTURAL: Lusimar Marcó, Priscila Yépez.

GERENCIA TÉCNICA: María Isabel Ramírez / PICO.

PRODUCCIÓN Y LOGÍSTICA DE OBRA: Johan Martínez, Adriano Pastorino, Dawison Yépez, William Adjunta.

CONSTRUCCIÓN: Comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes.

INSTITUCIONES PROMOTORAS: Vicepresidencia para el Desarrollo Territorial, Instituto Nacional de Parques INPARQUES, M.P.P. para las Comunas y Movimientos Sociales.

INSTITUCIONES ASOCIADAS: Barrio Nuevo Barrio Tricolor, M.P.P. para el Ecosocialismo y Aguas, Misión Árbol, Corporación de Servicios del Distrito Capital, Corpoelec, Oficina Nacional Antidrogas, entre otras.

RECONOCIMIENTOS: Ganador internacional en la categoría Hábitat Social y Desarrollo de la BAQ 2016. Nominado al Mies Crown Hall Americas Prize / MCHAP 2022


Catia no aparece como un proyecto impositivo urbano, sino como una arquitectura  que busca escuchar a la comunidad.

La ciudad puede entenderse como un sistema orgánico que se transforma constantemente a partir de la cotidianidad. En las ciudades latinoamericanas, esta transformación suele darse desde la ciudad real: aquella que se construye día a día a partir de las dinámicas sociales, las necesidades económicas, la movilidad y el comercio. Una lógica que, en muchos casos, entra en tensión con la planeación urbana tradicional, orientada a ordenar, regular y definir el uso de la ciudad desde la normativa.

 

Catia 1100 surge precisamente desde esa comprensión de ciudad latinoamericana. El proyecto, desarrollado en los sectores Canaima y Los Frailes dentro del Parque Nacional Waraira Repano, enfrenta una realidad compleja y común en América Latina: asentamientos de desarrollo urbano incompleto ubicados sobre laderas de protección ambiental. Allí coinciden problemáticas relacionadas con la conservación ecológica, el derecho a habitar, la informalidad urbana y las necesidades sociales de las comunidades.


Frente a estos escenarios, la respuesta institucional suele reducirse al desalojo o al control territorial. Sin embargo, Catia 1100 intenta posicionarse desde otro punto de vista. No desde la expulsión, sino desde la reorganización y el mejoramiento del territorio junto con la comunidad. Es entonces cuando aparecen espacios como: La Canchita, La Ceiba o la Plaza Estacional, no solo como intervenciones físicas, sino como plataformas colectivas capaces de crear vínculos sociales, apropiación y nuevas formas de relación entre arquitectura y comunidad.

 

Gabriel Visconti de AGA Estudio, arquitecto venezolano vinculado con Catia 1100 y procesos de arquitectura comunitaria en Caracas. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura latinoamericana, architecture.
Gabriel Visconti

El proyecto Catia 1100 fue desarrollado por Gabriel Visconti junto con su equipo AGA y otros colectivos asociados. Gabriel Visconti es un arquitecto venezolano cuyo trabajo se ha centrado en las relaciones entre informalidad urbana, participación comunitaria y territorio dentro de contextos latinoamericanos complejos. Egresado de la Universidad Santa María, complementó su formación con estudios en planificación estratégica urbana y diseño e innovación social, construyendo una visión de la arquitectura vinculada no solo al edificio, sino también a las dinámicas ambientales, sociales y cotidianas de la ciudad.


Posteriormente conformó AGA Estudio, plataforma desde la cual ha desarrollado proyectos relacionados con territorio, espacio público y transformación social, abordando la arquitectura como una herramienta capaz de responder a las formas reales de habitar las ciudades latinoamericanas.


En conversación con Gabriel Visconti, la discusión se desplazó rápidamente más allá del objetivo arquitectónico hacia temas como la justicia espacial, la justicia climática y la posibilidad de conservar el territorio manteniendo a las comunidades que lo habitan. Desde ahí surgió una idea constante: escuchar el territorio antes de proyectarlo.

 

MAP: ¿Cómo llegaste a ser el arquitecto social, el que trabaja con la comunidad?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: A mi me gustaría decirte que fue un proceso consciente, pero la verdad es que no. Llegué a esto comprometiéndome con los años, ganando conciencia crítica poco a poco. Primero estudié geografía y eso me daba una lectura de la ciudad que escapaba de la idea del edificio. Entendía que la ciudad era todo lo que no era la arquitectura.
Vengo de esa idea de desarquitecturizar la ciudad,  lo urbano, y luego entré a estudiar arquitectura. Pero una vez graduado sentí que no me había preparado para la realidad del arquitecto. En algún punto empezamos a preguntarnos si el cliente podría ser la ciudad y, desde ahí, comenzamos a vincularnos cada vez más con las personas.
No llegamos desde una conciencia social previa; fuimos entrando progresivamente en escala hasta llegar a ellas. Y a partir de ahí, AGA empezó a transformarse como equipo.

MAP: ¿Cómo diseñar con la informalidad de las ciudades en lugar de negarla?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: No solo la informalidad, también lo ordinario, lo común y lo cotidiano son asuntos fundamentales dentro de los proyectos que desarrollamos. Como arquitectos nos enseñan a proyectar, pero no necesariamente a escuchar. Con el tiempo hemos tenido que aprender herramientas de escucha y observación participante que permitan traducir esas dinámicas en proyecto.
La arquitectura no surge únicamente desde una interpretación abstracta del espacio, sino desde la experiencia compartida con quienes lo habitan. En muchos casos, terminamos construyendo junto a las comunidades.
Recuerdo que durante el proceso en Catia tuve que subir y bajar más de 35 pisos equivalentes en escaleras simplemente porque olvidé un tornillo. Ese día entendí que cada bloque, cada saco de cemento y cada litro de agua representan un enorme esfuerzo humano. Ahí el proyecto dejó de ser una idea abstracta y comenzó a dimensionarse desde el cuerpo y desde la experiencia cotidiana de habitar la montaña.
Esa comprensión física y humana del territorio también transformó la manera en que el equipo entendió la conservación ambiental dentro del parque.

MAP: ¿Cómo surge el proyecto y cómo fue ese primer acercamiento al territorio y a la comunidad?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: Catia 1100 fue un proyecto construido desde múltiples escalas de participación. Además del equipo de arquitectura, participaron colectivos sociales, instituciones del Estado, organizaciones comunitarias y distintos actores vinculados al territorio.
El proyecto surge tras un proceso de desalojos dentro del Parque Nacional Waraira Repano, conocido en Caracas como El Ávila. La cota máxima de habitabilidad permitida era de 1100 msnm, de allí el nombre del proyecto.
Sin embargo, más que responder desde la expulsión, la intención fue construir otra forma de conservación. Entender que proteger el parque no necesariamente implicaba sacar a las personas, sino generar conciencia sobre lo que significa habitar ese territorio.
Por eso muchas veces hablamos de Catia 1100 como un “proyecto acuerdo”. Un proceso donde la conservación ambiental, la permanencia comunitaria y la construcción de paz territorial podían coexistir.

Con el paso de la entrevista, el proyecto comenzaba a aparecer no solo como una postura frente al territorio, sino también como una serie de intervenciones capaces de insertarse dentro de las dinámicas cotidianas del barrio.


El proyecto se articula desde distintas escalas de intervención: viviendas, espacio público, servicios y adecuaciones territoriales capaces de ser apropiadas por los habitantes. A partir de asambleas y talleres participativos surgen tres espacios estratégicos entre Canaima y Los Frailes: La Canchita, La Ceiba y la Plaza Estacional.


La Canchita fortalece un espacio previamente realizado por la comunidad y lo transforma en una cancha de proporciones reducidas que aun así reconoce formas cotidianas y populares de jugar dentro del barrio.


Lejos de buscar una infraestructura deportiva convencional, la intervención prioriza el encuentro, el uso cotidiano y el sentido recreativo del espacio. La cancha se articula con pequeñas graderías, superficies de estancia y espacios de juego que terminan funcionando como una extensión de la vida comunitaria dentro de la ladera.


La Ceiba, por su parte, opera como un espacio multifuncional abierto a distintas dinámicas comunitarias; mientras que la Plaza Estacional fortalece la experiencia de jardín y acompaña el tránsito cotidiano dentro de la montaña, funcionando como una pequeña estación de descanso y permanencia. Más que imponer nuevos programas, el proyecto termina adecuando el territorio a formas de uso que ya existían dentro de la comunidad.


MAP: ¿Hubo momentos en los que la comunidad empezó a usar los espacios de formas que ustedes no habían previsto?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: A la fecha entiendo que los espacios siguen siendo usados para aquello que se previó, pero creo que eso tiene que ver con que las posibilidades de uso eran lo suficientemente amplias como para que distintas personas se vieran reconocidas en esas posibilidades de programa.
Si el uso hubiese sido más cerrado —y con cerrado me refiero a algo mucho más armado o definido— probablemente la misma sociedad lo hubiese llevado hacia otra cosa. En cambio, los espacios eran suficientemente abiertos en términos de admisión de programa, y eso permitió que cada persona pudiera reconocerse en ellos desde su diversidad.
Por ejemplo, en el multifuncional La Ceiba, quien quisiera hacer una reunión de consejo comunal podía hacerlo, pero también se daban clases de tareas dirigidas en las tardes. No era “el salón del consejo comunal”, sino un espacio adecuado para distintas actividades de recinto cerrado.
Incluso la terraza, que era la cubierta del salón, terminó convirtiéndose en balcón para actividades festivas y también en un lugar para elevar cometas. Procuramos generar proyectos que admitieran mucha versatilidad, espacios multipropósito capaces de tener vida propia.

MAP: Después de Catia 1100, ¿cómo sentiste que cambió el barrio?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: La verdad, me atrevería a pensar que el barrio no cambió, y eso no me genera pesar. Nunca llegamos allá para cambiar el barrio. Nunca fuimos a eso.
Lo que sí puedo entender, por lo vivido y por lo que se me ha comentado, es que existe una mayor conciencia sobre el lugar que se habita dentro de la ciudad. Y creo que, en términos de transformación espacial, eso termina siendo mucho más gratificante que cualquier transformación física que haya podido desarrollarse después.
También, mirando el proyecto diez años más tarde, entendimos varias cosas. La primera es que el proyecto funcionó como una herramienta para generar visión de lugar, visión de barrio. Se entregaron ciertos lineamientos de actuación producto de las dinámicas comunitarias que permitían desarrollar nuevas acciones dentro del territorio.
Pero más que diseñar actuaciones concretas, lo que realmente se diseñó fueron protocolos que permitían que el propio barrio siguiera diseñando cosas para sí mismo. Tristemente eso no continuó desarrollándose por múltiples motivos, y esa prospectiva de barrio no tuvo mayor continuidad. En otras palabras, fuimos allá para que el barrio siguiera siendo cada vez más barrio, solo que con un nivel de conciencia mayor.
A diez años del proyecto, los espacios tienen vida propia, y esa vida propia está cargada de quienes los gestionan. Entender espacios urbanos producidos y mantenidos socialmente implica también aceptar que tendrán altos y bajos, Si mañana tuviera la oportunidad de volver y encontrara los espacios abandonados, eso también me hablaría de la temporalidad que está viviendo el barrio, y En ningún caso me sorprendería, porque Al final, los espacios reflejan la energía de quienes los habitan.

MAP: Después de una experiencia como Catia, ¿qué cosas cambian en la manera de entender la arquitectura y el trabajo con la comunidad?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: No es solo con quién hacemos proyecto o cuánto construyes, sino también cuánto no construyes. Pienso, por ejemplo, en la posibilidad de deshacer proyecto, rehacer proyecto o incluso no hacer proyecto.
Catia me entregó esa ventana que antes para mí no estaba presente. Antes todo tenía que ver con el hacer. Y en ese proceso entendí que el no hacer también es necesario, que el deshacer es importante y que el rehacer puede ser fundamental.
A partir de ahí empecé a mirar los proyectos y las oportunidades desde otra óptica. Antes yo solo tenía el lente del hacer: un hacer con las personas, desde las personas, un hacer con escucha y observación. Y después de Catia apareció otra pregunta: ¿y si no hacer también es proyecto?, ¿y si deshacer también es proyecto?, ¿y si rehacer también es proyecto?

Eso definitivamente es un después de Catia.

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.

A medida que la conversación avanzaba, Catia 1100 dejaba de aparecer únicamente como un proyecto localizado dentro de Caracas y comenzaba a convertirse en una reflexión sobre la práctica arquitectónica en América Latina. La discusión ya no se centraba solo en el barrio o en los espacios construidos, sino también en las formas de ejercer la arquitectura y escuchar el territorio.


MAP: ¿Cuál crees que debería ser el rol futuro de la arquitectura comunitaria dentro de las ciudades latinoamericanas?

GV: Yo creo que hay que reaprender la profesión. Más que la arquitectura, me gusta entenderlo desde las arquitectas y los arquitectos, porque al final la arquitectura es reflejo de las personas que están involucradas en ella.
Y pensaría que nos tocan tiempos de aprender a escuchar para transformar.

MAP: ¿Qué debería cambiar el urbanismo actual?

Proceso participativo de Catia 1100 con comunidad del Barrio Canaima – Los Frailes, AGA Estudio y PICO en Caracas, Venezuela. Revista FOCUS Latinoamérica, arquitectura comunitaria, architecture.
GV: Creo que una de las cosas que grita la ciudad es que no existe una sola forma de entender las cosas. El urbanismo tiene que ser cada vez más flexible, más adaptativo y, en ese sentido, más regenerativo. Capaz de transformarse a sí mismo sin tener que borrar para volver a empezar.
También pienso que tanto la arquitectura como el urbanismo tendrán que convertirse en disciplinas mucho más performativas, capaces de responder a las complejidades del tiempo y de los territorios que habitan.

Hacia el final de la conversación. Más que respuestas definitivas, las reflexiones de Gabriel Visconti dejan abiertas una serie de posibilidades de cómo proyectar en contextos latinoamericanos atravesados por la desigualdad. En Catia 1100, la arquitectura se aleja de la idea de edificio terminado para entenderse como un proceso abierto, capaz de escuchar, adaptarse y construir formas de permanencia dentro del territorio.


Para concluir, queda una frase mencionada por Gabriel Visconti durante la entrevista, una reflexión que quizás resume gran parte de lo discutido alrededor de Catia 1100 y el contexto latinoamericano:

“Hacer edificios será más o menos fácil, en función de la disciplina. Pero construir relaciones, ahí es donde yo creo que la arquitectura tiene un poder importantísimo: ser soporte para la sociedad. Hacer edificios lo harás mal o bien con el tiempo. Pero escuchar, observar y entender cómo vive la gente, ahí es donde realmente entra nuestro aporte. Porque nos encanta lo informal, lo ordinario, lo cotidiano y, por supuesto, la arquitectura”.
-Gabriel Visconti

2 comentarios

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L
hace 5 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Una entrevista muy sensible y muy pertinente para las ciudades actuales.

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Viktor
09 jun
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Gratamente sorprendido amalgamar al ser humano con su entorno respetando profundamente el diario vivir de nuestra sociedad latinoamericana efervescente,cambiante y desigual

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