El Refugio Estereotómico I Casa Olguín de COTAPAREDES Arquitectos
- Arq. Melissa Fernández

- 13 abr
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 14 abr
Autor: Melissa Fernández
Arquitecta, editora y carpintera. Compartiendo el tiempo entre la redacción, el diseño y la creación de objetos cotidianos en plywood con mi taller y marca QIRI.

NOMBRE OBRA: Casa Olguín.
ARQUITECTOS: COTAPAREDES Arquitectos.
FOTOGRAFÍA: César Béjar.
UBICACIÓN: Tlajomulco de Zuñiga, Jalisco, México.
AÑO: 2011.
M2: 135 (construidos).
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Imagina una estructura que se asienta con la fuerza de un monolito, haciendo de la masa y la gravedad su razón de ser. Como si surgiera de la tierra y buscara la luz mediante apenas perforaciones, pues prefiere volcarse a su intimidad y crear tal introspección que solo se pueda descubrir desde su propia profundidad.
Esa es la intención de la arquitectura estereotómica y el concepto que desarrolla la Casa Olguín, ubicada en Jalisco y diseñada por el arquitecto mexicano Abraham Cota Paredes. Una obra que además desafía las convenciones estéticas de su entorno y que marca el inicio de la investigación de este arquitecto sobre el muro pantalla y la arquitectura introspectiva.
¿Qué es la arquitectura estereotómica?

Para comprender la Casa Olguín, es esencial definir el término de estereotómico. Su etimología proviene del griego stereos que significa sólido, y tomía que significa cortar.
Según el arquitecto español Alberto Campo Baeza, este se refiere a aquel donde la gravedad se transmite de manera continua a través de un sistema estructural masivo y pesante.
“El entender que parte del edificio pertenece a la tierra (estereotómico) y que parte se desliga de ella (tectónico), o el considerar que todo el edificio trabaja en continuidad con la tierra, o por el contrario, establece con ella los mínimos contactos, puede ayudar eficazmente a la producción del nuevo organismo arquitectónico”.

El texto completo de Campo Baeza, bajo el título De la cueva a la Cabaña, hace parte del libro Sustancia y circunstancia. Unidad docente Alberto Campo Baeza. Memoria del curso 2002-2003.
Llevado al campo de la arquitectura, este planteamiento se explica mediante tres ideas fundamentales:
La esencia de la cueva: son construcciones que parecen nacer de la tierra y se asientan sobre ella con firmeza.
Continuidad constructiva: a diferencia de lo tectónico (que es ligero y articulado), lo estereotómico es monolítico y busca la luz perforando sus muros.
Materialidad pétrea: se asocia comúnmente con materiales que trabajan a compresión, como el hormigón, la piedra o el ladrillo.
Juego de percepciones

En la Casa Olguín, estos conceptos se materializan a través de un volumen que parece emerger del terreno y que luego utiliza la sustracción de masa para crear espacios habitables y dobles alturas.
Desde el exterior, la vivienda revela la parte alta de su volumetría como maciza, blanca y fraccionada en varios cuerpos de diferentes alturas que rompen sus fachadas inmaculadas con apenas unas pequeñas aberturas lineales.
Este último es un recurso recurrente en la arquitectura introspectiva de Cota Paredes que se puede ver en otros de sus proyectos como Casa La Cueva.

Y es que con un área de 135 metros cuadrados de construcción en un terreno significativamente más grande, la solución fue una planta escalonada para una mejor apropiación del predio y generar una percepción de mayor amplitud.
Mientras que la parte baja está resguardada por el muro pantalla de ladrillo a la vista pintado de blanco. Este elemento define el límite entre lo privado y lo público, permitiendo que la casa mire hacia sí misma y un poco al exterior a través de la dilatación que lo divide en dos y lograr el efecto de ver sin ser visto.
Tradición con contraste

Como parte de su lenguaje propio y búsqueda permanente de la intimidad y el espacio resguardado del exterior, Cota Paredes también hizo uso del muro pantalla fraccionado en otro de sus proyectos al que llamó Casa para ver el Cielo.
A partir de ese elemento se define el ingreso a la casa mediante un recorrido bordeado por un muro color uva, inspirado en la exploración cromática de los arquitectos mexicanos Luis Barragán y Ricardo Legorreta, que acompaña esa búsqueda de la intimidad.
Este componente era opuesto a las definición del fraccionamiento de evitar muros divisorios entre vecinos, pero el diseño lo supo suavizar al dejarlo exento y con eso permitir el vacío y la comunicación controlada entre ambos predios.
Otra condición era la del uso de teja de barro como material de acabado en las cubiertas, en concordancia con la imagen de la casa tradicional mexicana. Aunque esta sí fue atendida por el diseño, no impide que la vivienda irrumpa en el entorno como un volumen blanco que contrasta con su apuesta de color níveo, lo que acentúa su brillo durante el día.
Sin embargo, es en la noche donde ocurre un cambio escenográfico gracias a la luz indirecta estratégicamente ubicada para alumbrar las plantas y rebotar en los muros blancos, haciendo que la casa parezca brillar desde su interior.
Al cruzar la puerta principal y entrar a la casa la transición es dramática: de una fachada cerrada se pasa a un interior de altura libre estándar de vivienda a una doble altura de una sala llena de luz cenital.
La luz como material

Una iluminación lograda gracias al diseño del techo como flotante en el que la losa se separa de casi todos los muros que la contienen y crea aberturas o dilataciones que permiten la entrada de la luz natural que se funde con el color morado de ese elemento, que lleva al interior de la casa el contraste cromático establecido por el muro color uva del acceso.
Así, crea la sensación de levedad interior en oposición a la pesadez de la fachada, que inicialmente se percibe cerrada pero que gracias a sus ventanas delgadas como líneas o dilataciones, en lugar de grandes ventanales hacia la calle, controla la entrada de calor y protege la privacidad.
Porque en la Casa Olguín se utiliza la luz no sólo como un elemento funcional, sino como un material más que llega a definir la espacialidad interna frente a un exterior hermético.

Interior iluminado y con privacidad
Mientras tanto, hacia el patio interior la relación es totalmente opuesta y la casa se abre con grandes ventanales, de piso a techo en el primer nivel, para relacionarse de manera permanente con todo este espacio abierto, verde e íntimo.
Así, la vivienda demuestra hacia la calle una actitud reservada, incomprensible y misteriosa, para en el interior abrirse al verde y a la luz pero de manera privada y en total tranquilidad.
Relaciones no evidentes

La Casa Olguín demuestra que, incluso en terrenos pequeños y bajo normativas restrictivas, es posible crear espacios que condensen conceptos potentes como son la arquitectura estereotómica y la introspección, en un acto que celebra la unidad estructural como la esencia de la forma.
En este proyecto, la relación entre el adentro y el afuera existe, pero no es evidente a simple vista. No expone a sus residentes y se debe recorrer para entenderla.
Y aún con su esencia de refugio y aislado del exterior, el espacio se rodea de jardines semi interiores que ambientan las vistas del hogar y permiten que la luz entre a los espacios para así dar calidez y vitalidad mientras conserva el espacio introspectivo en donde todo converge hacia el interior.
Conoce Casa Gaby de Cota Paredes, otro proyecto que revela todo su lenguaje arquitectónico que aquí te hemos contado más un componente fundamental: la solidaridad que lo hizo posible.






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