Un Templo para Profesar el Lujo Silencioso | Casona Sforza de Alberto Kalach
- Arq. Melissa Fernández

- 29 ago
- 6 min de lectura
Autor: Melissa Fernández
Arquitecta, editora y carpintera. Compartiendo el tiempo entre la redacción, el diseño y la creación de objetos cotidianos en madera con mi taller y marca QIRI.
DATOS DEL PROYECTO:
OBRA: Casona Sforza
ARQUITECTOS: Alberto Kalach
FOTOGRAFÍA: Alex Krotkov
UBICACIÓN: Puerto Escondido, Oaxaca, MX.
AÑO: 2020.
M2: 1.450 (construidos).
Este complejo de suites abovedadas es un lugar ideal para quienes buscan desconectarse del ritmo cotidiano y aislarse en un paisaje selvático costero pero sin renunciar al confort. Una obra del arquitecto Alberto Kalach, el mismo de la icónica biblioteca Vasconcelos en Ciudad de México, que confirma que su arquitectura privilegia la integración con el paisaje y la belleza de lo esencial.
Luego de las multitudes y estadios monumentales de la recién celebrada Copa Mundial de Fútbol 2026, a los que les dedicamos nuestra edición anterior, en este nuevo número de revista Focus dirigimos la mirada hacia aquellos espacios donde el descanso se convierte en experiencia arquitectónica.
Y aquí aparece Casona Sforza, como uno de esos refugios donde el lujo no se entiende desde la opulencia, sino desde el silencio, la materia y la conexión con el paisaje.
Ubicada en Puerto Escondido, en la serena Barra de Colotepec donde desemboca el río homónimo y crea una zona de mar abierto, fue diseñada por el arquitecto Alberto Kalach a partir de la idea del emprendedor y dueño Ezequiel Ayarza Sforza l cual se presenta como un refugio de lujo austero y arquitectura de bajo impacto ambiental.

El culto a la tranquilidad
A primera vista llama la atención su imponente estructura dominada por una técnica milenaria que aquí se siente contemporánea: las bóvedas de arco. Estas formas que podrían sentirse como extrañas son, muy al contrario, un sistema constructivo de gran tradición en la región mixteca, esa vasta zona cultural, histórica y montañosa del sur de México que se encuentra dividida entre los estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero y es hogar ancestral de una de las civilizaciones mesoamericanas más antiguas.
Su diseño recuerda esta tradición de la bóveda en la arquitectura de espacios como conventos y capillas de la época novohispana en Oaxaca y que hoy se puede recorrer en varios ejemplos como son los monumentos históricos de los ex conventos de San Pedro y San Pablo de Teposcolula y de Santo Domingo Yanhuitlán.

Además de ese valor estético innegable por sus trazos limpios y simetría, este sistema constructivo es ideal para resistir sismos, un factor crítico en la geografía oaxaqueña, y mantener una inercia térmica gracias a los muros gruesos y volúmenes abiertos.
Con eso, las habitaciones de la Casona Sforza reducen drásticamente la necesidad de aire acondicionado, permitiendo que la brisa del mar circule y se disfrute libremente.
Desde el punto de vista sensorial, y según la geometría sagrada y diferentes tradiciones antiguas, los arcos están diseñados para que la energía y los pensamientos positivos fluyan sin obstáculos, pues sus formas curvas favorecen la circulación, suavizan el movimiento y evitan que se estanque.
Así, podría sentirse que cada suite de la Casona Sforza se convierte en un templo para el recogimiento que, con la elección del ladrillo de barro cocido en tonos amarillo pálido y terracota, se confunde con la arena circundante y crea una continuidad visual entre lo construido y lo natural.

La fuente de agua salada
Tanto el recorrido por el hotel como cada una de las estancias parece conducir inevitablemente hacia el agua. De sus once suites abovedadas hay seis que cuentan con piscina privada, y todo el complejo converge en un núcleo vital: la piscina circular que domina el centro del espacio.
Esta forma concéntrica aparece como el centro simbólico y sensorial del conjunto y completa la preferencia por las formas curvas, la fluidez y parece recordar a los cenotes, aquellos pozos sagrados de la cultura maya que invitan a la introspección.

Y se descubre después de atravesar el camino principal del complejo, el cual comienza con el pequeño pozo para luego cruzar bóvedas y enriquecerse con las sombras creadas por la celosía en madera que lo protege y a la vez permite disfrutar de las especies endémicas como sabinos, mangles, tules y robles, que Kalach ha potenciado a través de un paisajismo que rinde tributo a la biodiversidad local.
A diferencia de las piscinas convencionales, esta es de agua salada con baja concentración, lo que la hace más suave para la piel y más respetuosa con el ecosistema.

El lujo de lo austero
Ese uso de materiales naturales y a la vista como piedra, madera y tierra para todo el hotel, refuerza el concepto de lujo que se define a través de la estética que elimina los accesorios innecesarios para centrarse en las texturas originales que ofrece cada elemento.

El interiorismo y mobiliario a cargo de MOB Studio, da muestra de la maestría artesanal mexicana a través de piezas elaboradas en maderas tropicales como parota y macuil que se mezclan con detalles en cobre avejentado y lino.
Cada objeto de la estancia cuenta una historia de su origen: las lámparas de palma provienen de Veracruz y Jalisco, los tapetes son tejidos en Teotitlán del Valle, y las hamacas, sillas y cortinas son creaciones de artesanos en Yucatán.
Incluso los lavabos y tinas, que parecen haber sido tallados directamente de la piedra in situ, refuerzan la sensación de estar en una cueva esculpida para el confort moderno.

Alcanzando el bienestar
Casona Sforza además de su arquitectura que propone la contemplación del paisaje y el compromiso ecológico, desde la construcción con materiales locales hasta el apoyo al comercio justo regional, ofrece una experiencia solo para adultos que conecta al huésped con el lugar mediante diferentes alternativas.
Es por eso que ofrece actividades como yoga frente al mar, reiki oceánico, modelo farm to table en su restaurante La Bóveda y otras de contacto con el entorno como como el avistamiento de delfines, ballenas y la liberación de tortugas marinas para fomentar el respeto por el lugar y lo natural.
Descanso con esencia social

Ese trasfondo humano es el gran diferenciador de la Casona Sforza. El proyecto Pueblo del Sol nació también del deseo de Ayarza Sforza, esta vez por recuperar tradiciones milenarias que se estaban perdiendo en las nuevas generaciones de Oaxaca.
De acuerdo con el hotel, el total de los ingresos de la Casona se destina a financiar este proyecto de comunidad y desarrollo sostenible basado en la agricultura orgánica y la bioconstrucción.
Ubicado a una hora del hotel, este colectivo impulsa a alfareros, agricultores, apicultores y ebanistas, creando una economía circular donde los productos que se consumen y decoran el hotel -desde la miel y el café hasta los muebles de madera- tienen un impacto directo en la vida de las comunidades indígenas.
Los huéspedes tienen la oportunidad de visitar estos talleres, cerrando el ciclo de consumo consciente y transformando su estancia en un acto de apoyo social.
Así, la obra de Alberto Kalach en Casona Sforza demuestra que el lujo no reside en la opulencia, sino en la austeridad y el respeto por el contexto cultural. Al utilizar técnicas antiguas para resolver necesidades modernas, el hotel se convierte en un puente entre el pasado arquitectónico novohispano de Oaxaca y una visión de futuro donde la sostenibilidad es innegociable.





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