Diseñado por Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky e inaugurado en 1981, el Museo Rufino Tamayo no sólo es un espacio para el arte contemporáneo, sino una obra brutalista que desafía el tiempo y las modas. Su monumentalidad no es gesto autoritario, sino un manifiesto de permanencia. Como el protagonista de El Brutalista, el museo expresa una visión casi ascética del diseño: la honestidad del material, el concreto martelinado, las líneas contundentes