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Pantone 2026: cuando el color DEJA de INSPIRAR y empieza a INCOMODAR

Autor: Lina Valencia

Arquitecta graduada y docente en la universidad del Valle. Fiel amiga de las infografías, las preguntas curiosas, fan del detalle constructivo y las películas de Almodóvar.

Entre las muchas novedades que nos aguardan cuando se acerca un nuevo año, principalmente para todos los diseñadores, está el anuncio del color del año de Pantone. No es solo una curiosidad: es una señal de hacia dónde va la industria. Ese color no solo impone las primeras tendencias, sino que ofrece un punto de partida para quienes buscamos inspiración y un marco sobre el cual proponer algo propio. Pero...


¿Por qué una empresa de sistemas de identificación y estandarización del color pasó a definir un color para cada inicio de año?

Pues bien, como parte de su estrategia publicitaria propusieron la presentación de un color por año desde el 2000, y lo que inició como una manera audaz de visibilizar la marca ahora es un predictor de las tendencias que nos acompañarán en las diferentes ramas del diseño: no solo influenciando la línea de la moda, sino también marcando la parada en disciplinas como la arquitectura, e incluso determinando los colores predominantes en productos de consumo cotidiano.



Al ser determinante para lo que económicamente consumiremos en el año, Pantone no escoge este color al azar. El proceso pasa por una selección de especialistas en diferentes ramas del diseño —desde el automotriz y el diseño industrial hasta lo digital—, después de un análisis social, estudios de color y producción manufacturera. Es así como este color termina funcionando como un termómetro cultural que predice el clima del próximo año. ¿Qué nos dice el pronóstico climático del 2026? Que habrá nubes…


Presentando a Mrs. Cloud Dancer

Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
(España | Pantone Color of the Year / Wallpaper, n.d.)

Evocando el cielo, el cual puede reflejar tanto un panorama nuboso como uno claro y limpio, parece ser que el próximo año viviremos esa dicotomía entre no saber si estamos retomando un estilo austero y clásico o si simplemente estamos en una recesión económica. El color presentado para el 2026 recibe el nombre de Cloud Dancer, y por mucho que se ha analizado el blanco con un matiz ligeramente cremoso, que lo hace más cálido que el blanco estándar, parece ser que su nombre tiene más profundidad, o al menos un intento de mensaje más sustancioso: una dicotomía entre lo apacible que evoca el “cloud” y lo movido que llama el “dancer”; lo miedoso y lo animado; lo monótono y lo novedoso.


Frente a las dudas que podemos tener sobre la escogencia de este color, en la página oficial de Pantone podemos leer el mensaje que acompaña su elección:

“Cloud Dancer es un color estructural clave cuya versatilidad proporciona un marco para el espectro cromático, permitiendo que todos los colores brillen. En un mundo en el que el color se ha convertido en sinónimo de expresión personal, esta tonalidad puede adaptarse, armonizar y crear contraste, aportando una sensación de ligereza a todas las aplicaciones de productos y entornos, ya sea de forma individual o combinada con otras tonalidades.” (Pressman, 2025)

Es decir, el objetivo de Pantone al escoger tanto este color neutral como su nombre ambivalente es presentar una opción que se adapte a todos; un color que no imponga una tendencia ni encamine una narrativa visual fija para este año, sino que permita a cada diseñador o persona creativa implementarlo como mejor le convenga. Un color que, como cualquiera sabe, combina con todo y “permite que todos los colores brillen”. Además, su propio discurso deja claro que esta decisión aparece como contraprestación al caos social y económico que hemos estado viviendo: un color que ofrece “ligereza”, que propone un lienzo en blanco donde solo se deposite lo esencial y necesario después de un periodo cargado de información, tendencias y cambios.


Y es precisamente ahí donde esta elección se tensiona con la realidad, porque esta propuesta se puede leer desde dos polos totalmente opuestos, ya sea como una genialidad por su alto nivel de empatía ante la situación global o como una manera simplista de entender el panorama actual, invitando al público a homogeneizar para erradicar el caos. Indiferentemente de cómo el lector quiera ver esta propuesta, la realidad es que Pantone ha sido ingenioso al postular tal ambigüedad, ya que ninguna persona queda del todo sorprendida ni ofendida al ver este blanco crema, lo que para la industria comercial le viene genial, pero el riesgo que conlleva es grande y al parecer ocurrió: la mayoría se encuentra decepcionado.

Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
 (España | Pantone Color of the Year / colaboradores, n.d.)

El blanco de la claridad o de la tormenta

Lo primero es entender el contexto inmediato, y la realidad era una: este silencio cromático ya se veía venir. Para quienes han seguido el color del año de Pantone durante este cuarto de siglo, ya resultaba evidente que no sería escogido un tono saturado ni llamativo. Pues bien, si retomamos los dos últimos colores del año de Pantone —2024: Peach Fuzz (un melocotón suave) y 2025: Mocha Mousse (un marrón apagado y cálido)— se podía apreciar que la tendencia, al menos en este periodo, ya señalaba una renuncia a la saturación elevada y a las paletas contrastadas.


Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
Sassoferrato (1640-1650) La virgen rezando, National Gallery

La realidad es que el color tiene un significado desde cómo cada cultura se ha relacionado con dicho color desde la naturaleza, en algunos casos todas las culturas llegamos a un consenso, por ejemplo: de la abundancia predominantemente ha sido el dorado, y no es una asociación gratuita. A lo largo del tiempo, la riqueza se manifestó en oro, sin embargo, también han existido otros colores que la representan en diferentes épocas, por mostrar algunos, en pigmentos prácticamente imposibles de conseguir. Cada época tuvo su “color imposible” y ese color se convirtió en símbolo de poder. El Púrpura Tiro en la era clásica, obtenido de un molusco escaso y reservado para emperadores; el Azul Ultramar en la Edad Media y el Renacimiento, creado a partir del lapislázuli importado desde Afganistán; cada uno representando el color difícil de su tiempo. Si entonces la abundancia fue saturación, profundidad y brillo, la recesión tiene su opuesto: colores apagados, neutros, sin exceso de pigmento, asequibles para el común y muchas veces vinculados al color primario de la materia.


Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
(El Color Púrpura, n.d.)

Es así como, aunque hoy podamos generar cualquier color, y empresas como Pantone permiten obtener cualquier tono en cualquier aplicación, nuestra psique continúa operando bajo ese imaginario heredado: lo costoso y saturado como símbolo de poder; lo neutro y desvanecido como señal de pausa, de transición o incluso de carencia. Por eso vimos aparecer tonos como el 2006: Sand Dollar, posterior al alza del petróleo, desastres naturales como el Katrina y un ánimo mundial de incertidumbre, el 2016: Serenity / Rose Quartz , luego de atentados en París, crisis migratoria y tensiones políticas, y el 2022: Ultimate Gray ,el año de salida de la pandemia, año de dudas y reformas sociales. No obstante, es ahora cuando esta lógica se hace más evidente: tres años continuos donde lo normal se volvió obligatorio, persuadiéndolos de volver a lo clásico, a lo limpio, a lo “controlado”.

La estrategia, vista así, parece clara. Pantone está respondiendo al mercado y a la sociedad global, afectada por transformaciones sociales profundas que han generado dudas económicas y resistencia en varios sectores productivos. Este blanco sigue el clima cultural del momento: la búsqueda de homogeneización como forma de recuperar una idea de “orden”. Como plantea Pippa Norris, surge la intención de restaurar un espacio que algunos sienten perdido ante los avances de la inclusión social, renombrándolo como retorno a lo “esencial”. Y, como advierte Byung-Chul Han, esta estética de la supuesta ligereza no busca liberar, sino eliminar la diferencia, suavizar los matices, borrar lo que incomoda.


Aun así, quedaba una esperanza para algunos: la posibilidad de que la selección fuese un color como el azul turqués Transformative Teal, elegido por WGSN y Coloro (Color Del año 2026 Según WGSN Y Coloro, 2024) con un año de anticipación para 2026. Curiosamente, su mensaje no es tan distinto —pausa, serenidad, respiración—, pero visualmente es otra respuesta. Tonos fríos que evocan naturaleza y frescura, o cálidos que llaman hogar y humanidad, pueden comunicar calma sin renunciar al carácter. Aquí, en cambio, no fue el caso. O quizá sí: al escoger un blanco como telón de fondo, cualquier otro color puede asumir el protagonismo sobre ese lienzo vacío.

Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
(Colour of the Year 2026: Transformative Teal, 2024)

Al final, el significado que le damos al color es tan amplio como la experiencia personal que lo observa y tan discutible como lo que alguien más quiera cuestionar. Lo que queda por ahora es pensar en lo material: en cómo esta tendencia hacia los neutros austeros puede afectar al mundo tangible, a los objetos y a los espacios que habitamos. Porque más allá del discurso conceptual, este cambio se sentirá en lo que producimos, en lo que construimos y, especialmente, en lo que dejamos de atrevernos a proponer.


Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
Oficina seleccionada Bienal de arquitectura Latinoamericana BAL 2025 Galeria de Casa em Cunha / Arquipélago Arquitetos

El blanco de la claridad o de la tormenta

El anuncio del color del año 2026 como un blanco pulcro y aspiracional parece, a primera vista, una invitación a la “renovación”. Pero, visto desde Latinoamérica, puede sentirse más como un retroceso. En años recientes, el Peach Fuzz 2024 había impulsado una sensibilidad más textil, humana y cercana al cuerpo; después, los tonos tierra dialogaban bien con materiales que son parte de nuestra identidad: ladrillo, bahareque, madera, arcilla y cal acompañado del Mocha Mousse 2025. Esa paleta no era solo moda: estaba alineada con una arquitectura que respiraba clima, territorio y memoria.

Pantone 2026, articulo escrito por Lina Valencia y en la revista focus latinoamerica
Proyecto seleccionado Bienal de arquitectura Latinoamerica BAL 2025 Juan Manuel Balsa, Rocio Crosetto Brizzio, and Leandro Piazzi of BALSA CROSETTO PIAZZI

Ahora, con el blanco como protagonista, pareciera que se nos quiere empujar de nuevo hacia la estética modernista del “todo limpio”, ese minimalismo importado donde las fachadas se escapaban para parecer perfectas. El problema es que en nuestra realidad eso no funciona igual. En muchos países latinoamericanos no existe una cultura sólida de mantenimiento edilicio, y el clima húmedo o tropical termina revelando lo que el blanco pretendía ocultar: moho, humedad, grietas, fachadas que envejecen mal. Es como intentar borrar el contexto con pintura en vez de dialogar con él.


Si dejamos que el blanco se interprete como una “norma”, corremos el riesgo de volver a una arquitectura que niega lo que somos: que ignora el clima, tapa los materiales locales y regresa a la idea aspiracional de limpieza y pureza que siempre envejece peor que cualquier ladrillo expuesto. Más que rechazar el color, la reflexión es otra: ¿queremos que la tendencia dicta que nuestras ciudades se disfracen de lo que no son, o queremos que el color que viene mantenga la conversación que habíamos empezado con la tierra, el textil y lo humano?


Tal vez el verdadero reto no es el blanco en sí, sino evitar que se convierta en una excusa para volver a la mala copia del modernismo; que no borre la identidad que, poco a poco, estamos recuperando. Un blanco sin contexto no ilumina: encubre.


El cielo es el límite

Al final, Cloud Dancer no es solo un color: es un síntoma. Puede leerse como pausa necesaria o como retroceso, como oportunidad para replantear lo esencial o como una invitación a limpiar demasiadas cosas a la fuerza. Su efecto dependerá menos de Pantone y más de cómo cada uno de nosotros lo use, lo discuta y lo contradiga. Yo veo en este blanco un terreno inestable: un lienzo que puede democratizar la paleta o volver a imponernos una estética que ya conocemos demasiado bien. Considero que, si nos dieron este telón, el verdadero error sería acogerlo tal cual, y no utilizarlo como el fondo de nuestra propia narrativa.


Para lograrlo, lo más interesante ahora es abrir el diálogo: ¿ustedes lo ven como coherencia con el momento histórico o como una renuncia a la vitalidad que veníamos construyendo? ¿Cómo una pausa necesaria, una estrategia comercial o una señal de alerta?, como arquitectos ¿Queremos diseñar para hacer sentir y pensar, o para no molestar? Tal vez sea momento de decidir si seguimos tendencias o si las discutimos antes de obedecerlas.

Referencias



6 comentarios

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Daniel Villota
hace 2 días
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Cuando iba terminando el artículo pensé en el blanco no solo como un color, sino como un inicio, como un lienzo por llenar: un punto cero desde donde podríamos volver a escribir lo que somos, nuestra cultura, nuestra diversidad y nuestras memorias.

Considero también que, como latinoamericanos, la cultura, el color, los patrones y los tejidos construyen una narrativa distinta en relación con el color y las raíces que este evoca.

Sin embargo, siento que en general estamos contaminados por el exceso de información y por una globalización que hace que ya casi nada nos sorprenda. Por eso creo que este color se plantea más como una crítica a esa generalidad de la que todos hacemos parte, incluso los latinos.

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Olga Lu
hace 3 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Completo y objetivo.

Así como el color 2026

Podemos crear.

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Nk
hace 3 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Excelente 👌🏻

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WiiS
hace 3 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

El Cloud Dancer me parece menos una inspiración y más un síntoma. Aciertas al vincularlo con una búsqueda de orden tras el caos, pero tres años seguidos de colores 'seguros' (Melocotón, Moca, Blanco) hacen que esta elección parezca más un reflejo de la cautela económica que una verdadera brújula creativa. ¿Pantone está midiendo el clima cultural o contribuyendo a apagarlo?

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Victoria
hace 3 días
Obtuvo 5 de 5 estrellas.

Los colores son de las cosas más importantes y cotidianas de nuestras vidas, y si creo que nos imponen con intención de moldearnos, por eso me encanto esta invitación a reflexionar, y por último yo sí prefiero mil veces el color turquesa.

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