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¿Puede una casa flotar entre árboles y neblina? | Casa Oruç de Saavedra Arquitectos


DATOS DEL PROYECTO:

  • PROYECTO: Casa Oruç.

  • ARQUITECTO: Saavedra Arquitectos.

  • ARQUITECTOS A CARGO: Rodrigo Saavedra Pérez Salas, Gerardo Chacón, Ulises Contreras Legorreta, Misael Vargas.

  • FOTOGRAFÍA: Onnis Luque.

  • UBICACIÓN: Mineral del Monte, Hidalgo, México.

  • AÑO: 2024.

  • SUPERFICIE: 250 m² + 35 m² de terraza.

  • TIPOLOGÍA: Vivienda unifamiliar / casa de campo.

  • CONTRATISTA: Gerardo Chacón.

  • CÁLCULO ESTRUCTURAL: Casas Guzik, Nina Casas Guzik, Rafael Reyes.

  • PROGRAMA: Recámara principal, dos recámaras secundarias, cocina, sala-comedor, sala de televisión, bar, terraza con comedor exterior, tres baños completos y cuarto de servicio / bodega.

  • MATERIALIDAD PRINCIPAL: Concreto aparente negro, block de cemento estriado, acero, concreto y sistemas estructurales metálicos.

Casa Oruç de Saavedra Arquitectos en Mineral del Monte, Hidalgo, México. Artículo en Revista FOCUS Latinoamérica sobre arquitectura mexicana, vivienda en pendiente, casa en el bosque y architecture.
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Casa Oruç de Saavedra Arquitectos en Mineral del Monte, Hidalgo, México. Artículo en Revista FOCUS Latinoamérica sobre arquitectura mexicana, vivienda en pendiente, casa en el bosque y architecture.

Hay terrenos que parecen pedir una casa. Y luego están esos otros que parecen advertirle a la arquitectura:

“si vas a venir, más vale que aprendas a moverte conmigo”.

Casa Oruç, diseñada por Saavedra Arquitectos en Hidalgo, pertenece a esa segunda categoría. La vivienda se inserta en una zona boscosa de Mineral del Monte, rodeada de montañas, formaciones rocosas, pinos, lluvia y neblina. El terreno no es exactamente un acantilado, pero su pendiente es tan pronunciada que se siente como uno. Y frente a una condición así, la respuesta más fácil habría sido domesticar el sitio: cortar, rellenar, nivelar y hacer que el terreno obedeciera.


Pero Casa Oruç toma otro camino.


En lugar de negar la dificultad del lugar, la convierte en el argumento principal del proyecto. La casa no se posa sobre una plataforma neutra ni intenta ocultar la complejidad de la pendiente. La atraviesa, la rodea, la vuela y la transforma en recorrido.


Por eso, más que una casa en el bosque, Casa Oruç se siente como una pequeña aventura construida entre árboles.


Una casa que empieza antes de entrar

Uno de los gestos más interesantes del proyecto está en su acceso. Para entrar a la casa hay que partir desde el punto más alto del terreno, donde el volumen queda oculto entre los pinos. Desde ahí, el recorrido comienza con un puente que conduce hacia una torre, mientras las escaleras rodean el volumen y obligan al cuerpo a descender poco a poco.

Y aquí aparece algo importante: la casa no se revela de inmediato.


Primero se intuye. Luego se rodea. Después se baja. Más tarde se atraviesa un marco exterior que funciona casi como una señal: aunque todavía no hayas cruzado la puerta principal, ya estás dentro de la experiencia de la casa.


¿No es curioso? En muchas viviendas, el acceso es solo un punto de entrada. En Casa Oruç, el acceso es una narración. La arquitectura te obliga a caminar, mirar, girar y entender que el terreno no se conquista en línea recta.


Esta decisión vuelve el recorrido más misterioso, pero también más coherente con el lugar. Porque en un bosque con pendiente, lluvia y neblina, entrar a una casa no tendría por qué sentirse como llegar a una caja. Podría sentirse como descender hacia un refugio.


Y ese refugio aparece justo donde la vegetación se abre.


Entre la torre y el volado

El proyecto se organiza a partir de dos formas principales: una torre y un volumen horizontal en cantilever. Esta decisión nace de la búsqueda de un punto medio dentro del terreno, donde la vegetación permitía colocar la casa con la menor invasión posible.


La torre contiene y acompaña el recorrido vertical. El volumen horizontal, por su parte, se proyecta entre los árboles con un volado de 7.50 metros. Esa operación hace que la casa parezca flotar sobre el bosque, como si el terreno hubiera sido demasiado inclinado para caminarlo, pero perfecto para suspenderse sobre él.


La imagen es potente, pero no es solo un gesto visual. El volado permite que la vivienda dialogue con la pendiente sin tener que apoyarse agresivamente en toda su superficie. En vez de ocupar el suelo de manera pesada, la casa se despega, se asoma y busca la luz a la altura de los árboles.


Y esa búsqueda de luz es clave. En un sitio donde la lluvia está tan presente como el sol, la arquitectura no puede comportarse de manera indiferente. Tiene que encontrar la forma de captar claridad, protegerse del clima y, al mismo tiempo, conservar la relación con el bosque.


Una losa invertida para hablar con la lluvia

La losa negra de concreto aparente a dos aguas invertidas es uno de los elementos más reconocibles del proyecto. Su forma no solo define la imagen interior y exterior de la vivienda; también responde al agua.


Al estar invertida, la cubierta permite recolectar lluvia y conducirla hacia una cisterna, casi como si la casa transformara el clima en una pequeña cascada doméstica. En lugar de tratar la lluvia como un problema que debe expulsarse rápido, la convierte en parte del funcionamiento y de la narrativa del proyecto.


Aquí la sustentabilidad no aparece como etiqueta añadida, sino como una respuesta muy concreta al sitio: si el agua baja por la pendiente, si la lluvia define el ambiente y si el bosque necesita ser tocado con cuidado, la casa debe aprender de esas condiciones.


Por eso Casa Oruç no se entiende solamente desde su forma. Se entiende desde su comportamiento: cómo recibe el agua, cómo busca el sol, cómo flota, cómo baja y cómo deja que algunos árboles atraviesen su arquitectura.


Y sí, hay algo casi cinematográfico en todo esto. Pero la casa no se vuelve espectáculo vacío. Su dramatismo viene del terreno.


Un lugar para reunirse y también retirarse

Los clientes, Lore y Carlos, imaginaban una casa para recibir visitas. Un lugar donde muchas personas pudieran convivir en distintos espacios, mezclarse entre sí y después retirarse dentro del mismo bosque. Esa dualidad organiza buena parte del programa: sala, comedor, cocina, bar, terraza y dormitorios funcionan como una serie de momentos entre reunión y refugio.


El espacio interior principal se abre como un gran ambiente flexible. En un punto puede ser comedor, en otro cocina y también sala. Hacia el sur, la terraza amplía las posibilidades de convivencia y convierte el bosque en una extensión directa de la vida social.


Pero la casa también permite lo contrario: separarse, bajar el ritmo, mirar hacia afuera y sentir que uno está dentro de la montaña. Esa es quizá una de sus virtudes más importantes. No es una casa diseñada solo para contemplar el paisaje desde una ventana. Es una casa que te obliga a atravesarlo para habitarla.


Y mientras se recorre, los materiales también van cambiando.


Concreto negro, block estriado y una casa que se siente en el cuerpo

Casa Oruç trabaja con una materialidad fuerte: concreto aparente negro, block de cemento estriado, acero y sistemas estructurales que hacen posible su relación con la pendiente. Estos materiales no buscan suavizar demasiado la experiencia. Al contrario, refuerzan la sensación de estar ante una arquitectura que acepta la rudeza del sitio.


El concreto negro da peso visual y profundidad. El block estriado acompaña las escaleras y los recorridos. El acero y las armaduras metálicas permiten resolver el volado. Todo parece responder a una misma pregunta: ¿cómo construir en un terreno difícil sin borrar aquello que lo hace especial?


La respuesta no está en hacer una casa cómoda en el sentido más convencional. Está en hacer una casa intensa. Una casa que se camina con atención. Una casa donde subir, bajar, girar, asomarse y detenerse forman parte de la experiencia doméstica.


Porque hay proyectos que resuelven el terreno para que lo olvides. Casa Oruç hace lo contrario: te recuerda todo el tiempo que estás sobre una pendiente, dentro de un bosque y bajo una cubierta que recoge la lluvia.


Una casa que desafía el terreno sin pelearse con él

Casa Oruç desafía el terreno, sí. Pero no lo hace desde la imposición. Lo desafía aceptando sus condiciones más difíciles: la pendiente, la lluvia, la vegetación, la neblina, el acceso complicado y la necesidad de encontrar luz entre los árboles.


Su mayor logro no está solo en el volado de 7.50 metros, ni en la losa invertida, ni en la torre, ni en el recorrido descendente. Está en cómo todos esos elementos construyen una experiencia donde la casa no podría estar en otro lugar. Si la moviéramos a un terreno plano, perdería sentido.


Y eso es algo que siempre vale la pena celebrar en arquitectura: cuando una obra no parece diseñada para cualquier sitio, sino para ese sitio.


Tal vez por eso Casa Oruç se siente tan especial. Porque no intenta domesticar el bosque ni suavizar por completo la pendiente. En cambio, convierte cada dificultad en una escena: el puente, la torre, la escalera, el marco, la losa negra, la terraza, el volado y el agua cayendo hacia la cisterna.


Al final, la casa no vence al terreno. Aprende a flotar con él.


¿Tú vivirías en una casa donde para llegar a la puerta primero tienes que descender entre árboles, escaleras y neblina?

Sigue explorando más proyectos de arquitectura mexicana y latinoamericana en FOCUS Latinoamérica. Te dejamos con la galería de imágenes y planos arquitectónicos de este genial proyecto:


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