¿Puede una casa convertirse en muralla sin cerrarse al paisaje? | Casa Tejocote de GOMA Taller de Arquitectura
- Revista Focus
- hace 2 días
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DATOS DEL PROYECTO:
PROYECTO: Casa Tejocote.
ARQUITECTO: GOMA Taller de Arquitectura / González Muchow Arquitectura.
FOTOGRAFÍA: Ariadna Polo y Miguel Ángel González.
UBICACIÓN: Querétaro, México.
AÑO: 2022.
SUPERFICIE: 650 m² construidos.
INTERIORISMO: GOMA Taller de Arquitectura, en colaboración con Ciro y los propietarios.
TIPOLOGÍA: Vivienda unifamiliar.
Hay casas que se abren al paisaje con grandes ventanales, terrazas evidentes y fachadas transparentes. Y luego está Casa Tejocote, una vivienda en Querétaro que parece hacerse una pregunta mucho más incómoda:
¿cómo conectar con el entorno cuando, al mismo tiempo, necesitas protegerte de él?

Diseñada por GOMA Taller de Arquitectura —también publicado como González Muchow Arquitectura—, Casa Tejocote se ubica en un contexto semiurbano dentro de un fraccionamiento en club de golf, un paisaje artificial que contrasta con la vegetación nativa de la región. Aun así, en los lotes baldíos cercanos todavía permanece visible el paisaje original del semidesierto: pastizales amarillos, tejocotes, pirules y nopaleras. De ahí surge buena parte de su atmósfera: una arquitectura de tonos terrosos, composición sobria y cierta rudeza amable que busca integrarse con ese entorno árido sin imitarlo literalmente.
Y justo por eso la casa no se comporta como una pieza ligera colocada sobre el terreno. Más bien parece una masa excavada por la luz.
Una muralla donde no se podían construir bardas

La primera clave del proyecto está en una restricción: la normativa del fraccionamiento no permitía construir bardas. En lugar de ver esto como un problema, el despacho convirtió el propio esquema de la casa en una muralla habitable, capaz de envolver y proteger los espacios interiores.

Esto cambia por completo la idea tradicional de privacidad. Aquí no se trata de levantar un muro alrededor de la casa, sino de hacer que la casa misma funcione como límite. Los volúmenes se colocan de tal manera que resguardan la vida doméstica y, al mismo tiempo, construyen una relación más selectiva con el exterior.
¿No es interesante? En muchos proyectos, la privacidad se resuelve agregando una barrera. En Casa Tejocote, la privacidad se vuelve arquitectura. No es un elemento añadido, sino la lógica que organiza el conjunto.
Y esa lógica aparece con claridad en su composición: cuatro volúmenes sólidos que delimitan un gran jardín central.
Cuatro piezas alrededor de un corazón verde

Casa Tejocote se organiza mediante cuatro volúmenes que rodean un jardín central y se conectan a través de un puente ligero. La distribución separa las áreas sociales y privadas en dos niveles: en planta baja se ubican la sala, el comedor, la cocina y los espacios de servicio; en planta alta se encuentran tres habitaciones y un salón familiar.
Pero más allá del programa, lo importante es la forma de habitar que propone. La casa no concentra toda la vida en una caja cerrada; obliga a moverse, cruzar, salir, regresar y encontrarse con el jardín. En Architectural Digest, el despacho explica que la dinámica se parece más a una residencia de descanso o una hacienda, donde se sale al jardín o al patio para ir de un punto a otro de la casa.
Ahí está uno de sus gestos más potentes: borrar un poco esa comodidad moderna donde todo debe estar conectado bajo techo, climatizado y perfectamente controlado. En Casa Tejocote, el clima permite otra relación con el espacio. Habitar también implica atravesar umbrales, sentir cambios de luz, exponerse brevemente al exterior y aceptar que la naturaleza no está solo para verse desde una ventana.

Y para que esa conexión no rompa la privacidad, la casa trabaja con aberturas muy precisas.
La luz entra como si pidiera permiso

A los cuatro módulos de la casa se les practicaron incisiones para abrir vanos, permitir entradas sutiles de luz, enmarcar vistas e integrar los interiores con los espacios exteriores.
La palabra “incisión” importa. No estamos hablando de grandes ventanales colocados por costumbre, sino de cortes medidos en una masa sólida. La casa no se abre de golpe. Se perfora con cuidado. Deja pasar lo suficiente: luz, aire, paisaje, pero no demasiado como para perder esa sensación de resguardo.

El propio despacho explica que buscaron no abrir demasiado los vanos para conservar la solidez y la privacidad, compensando con tragaluces, patios y un patio hundido que queda inadvertido para los vecinos.
La casa entonces juega con una contradicción muy atractiva: parece cerrada, pero está llena de entradas de luz. Parece pesada, pero cambia con el sol. Parece una muralla, pero en realidad está diseñada para que el jardín y el cielo se filtren por dentro.

Y esa experiencia depende mucho de su materialidad.
Muros que parecen salir del suelo

La estructura principal se conforma con elementos de hormigón armado. Sus gruesos muros se levantan en capas vertidas cada 80 centímetros, una decisión que rige la altura y modulación de entrepisos, vanos y detalles de la casa.
Ese dato técnico no es menor. La casa no solo “se ve” terrosa: su proceso constructivo también marca una lectura estratificada, casi geológica. Los muros tienen presencia, espesor y una textura que dialoga con el paisaje semidesértico. Architectural Digest describe el uso de concreto pigmentado en tonos color tepetate, capaz de dar un carácter cálido a los espacios y trabajar en conjunto con la luz natural y el paisaje.

Aquí el lujo no está en el brillo del acabado ni en una acumulación de materiales costosos. Está en otra parte: en cómo la luz toca un muro, en cómo una sombra cambia la percepción de un pasillo, en cómo un patio puede hacer que una casa pesada se sienta viva.
La paleta material se mantiene discreta para que la luz y el espacio sean protagonistas. Aun así, aparecen detalles de madera sólida, cancelería de herrería, pisos de tabique y mosaicos de pasta que dan calidez y textura a los ambientes.
Y entonces la pregunta cambia: ¿qué hace que una casa se sienta sofisticada? ¿El costo visible del acabado o la precisión con la que cada material construye una atmósfera?
Una casa que no presume, pero se queda en la memoria

Casa Tejocote no intenta seducir desde la espectacularidad inmediata. Su fuerza está en una operación más silenciosa: tomar una restricción normativa, convertirla en estrategia espacial y usar la materialidad para construir una relación íntima con el paisaje.
Es una casa que protege sin aislar. Que se cierra sin negar el exterior. Que mira al semidesierto no como postal, sino como atmósfera. Y quizá por eso sus muros resultan tan atractivos: porque no son solo muros. Son límite, refugio, textura, sombra y memoria del sitio.
En un momento donde muchas viviendas buscan abrirse por completo para parecer más amplias, Casa Tejocote plantea otra posibilidad: tal vez una casa también puede ser profunda cuando decide abrirse menos, pero abrirse mejor.

¿Tú vivirías en una casa que se comporta como muralla hacia afuera, pero como jardín hacia adentro?
Sigue explorando más proyectos de arquitectura mexicana y latinoamericana en FOCUS Latinoamérica. Ahora sí, te dejo con la galería y los planos arquitectónicos para que descubras cómo este proyecto termina de revelarse en cada detalle:
Fuentes usadas
ArchDaily México: “Casa Tejocote / González Muchow Arquitectura”.
Revista PLOT: “Casa Tejocote”.
Architectural Digest México y Latinoamérica: “Casa Tejocote de GOMA taller de arquitectura: una casa de arquitectura vernácula que sorprende por su diseño contemporáneo”.






















































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