La paradoja del Cubo Blanco ⎪ Casa La Cueva de COTAPAREDES Arquitectos
- Arq. Melissa Fernández

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Autor: Melissa Fernández
Arquitecta, editora y carpintera. Compartiendo el tiempo entre la redacción, el diseño y la creación de objetos cotidianos en plywood con mi taller y marca QIRI.

NOMBRE OBRA: Casa La Cueva.
ARQUITECTOS: COTAPAREDES Arquitectos.
FOTOGRAFÍA: César Béjar.
UBICACIÓN: Zapopan, Jalisco, MX.
AÑO: 2017.
M2: 390 (construidos).

Un volumen hermético y pálido resguarda en su interior un impensable espacio lleno de niveles, luz natural y hasta un árbol que crece junto a los miembros de la familia y les permite una relación biofílica permanente.
La Cueva es una casa ubicada en un condominio cerrado y es una muestra de cómo la arquitectura introspectiva puede resolver las necesidades de privacidad y seguridad -sin sacrificar la calidad espacial- que exigen la arquitectura residencial en México y su contexto social actual.
El proyecto, diseñado por el arquitecto Abraham Cota Paredes en su estudio COTAPAREDES arquitectos, se centra en una búsqueda del aislamiento y el refugio que, en coincidencia con las expectativas de la cliente, hacen de la obra una estructura que utiliza la geometría para gestionar la transición contundente entre el exterior urbano y la intimidad doméstica.
La casa, construida sobre un terreno medianero y con una pendiente de aproximadamente dos metros, luego de mostrarse introvertida en la fachada, al interior se organiza a través de un sistema dinámico de vacíos y dobles alturas que definen su carácter espacial y configuración volumétrica.

El cubo sobre el basamento

Su esquema compositivo se divide en dos elementos tectónicos. El primero es un basamento de piedra de la zona, que funciona como una plataforma para crear el sótano requerido por el cliente. Esta base pétrea, con tonos oscuros, cafés y morados propios del material, le otorga un carácter sólido y remite a los taludes y escalinatas de las pirámides de la nativa arquitectura mesoamericana.
Sobre este basamento descansa el segundo elemento: un cubo blanco y cerrado. La decisión de mantener una fachada predominantemente ciega responde a la lógica de introspección requerida para el proyecto y a la identidad de la arquitectura de COTAPAREDES.
No obstante, la envolvente se ve interrumpida por rasgaduras como la ranura lineal horizontal que continúa la entrada principal. Lejos de ser un elemento estético, esta abertura cumple una función técnica específica: garantiza la ventilación natural necesaria permanente al cuarto de lavado, integrando así una función operativa a la geometría de la fachada.

La sección como herramienta de diseño
Al interior, con una distribución de espacios principalmente en altura y efectuada en cuatro plantas, uno de los pilares fue el diseño en sección. La Cueva no se proyectó únicamente desde la planta, sino que desde el corte vertical se establecieron las relaciones de jerarquía y conexión entre los diferentes niveles:

Sótano: debido a la solicitud de los clientes de contar con un área de juegos se excavó un nivel inferior que aloja este espacio que es el origen conceptual del proyecto.
Planta baja: dedicada a la sala y comedor situados en la parte posterior para aprovechar la vista interna y la luz indirecta del poniente a través del patio trasero.
Niveles superiores: el segundo nivel alberga las habitaciones de los hijos, mientras que el tercero y final contiene la habitación principal y terraza retraídas de la fachada para equilibrar la volumetría.

Concatenación y diagonalidad
El proyecto exhibe una influencia fundamental del arquitecto español Alberto Campo Baeza. Además de su concepto de la arquitectura esencial específicamente el de la concatenación de espacios. Una técnica que consiste en relacionar distintos niveles de manera indirecta, creando una continuidad visual que permite que los espacios se vean pero no se toquen.
En La Cueva, esto se logra mediante la relación visual entre el patio del sótano con la sala comedor de doble altura y el gran ventanal que mira al sur, generando así una triple altura seccionada.

O, en otra dirección, de esos dos primeros espacios pero hacia el nicho abierto en el descanso de la escalera. Un elemento pequeño que como un balcón interior permite contemplar a plenitud la apertura y relación espacial de esta gran zona interconectada.
Para quien recorre la casa, esta experiencia se traduce en una serie de descubrimientos: al avanzar, se van recibiendo pistas visuales de los niveles inferiores y superiores, provocando una percepción de amplitud que contradice el hermetismo inicial de la fachada.

El árbol como articulador espacial
Una introversión que se rompe al pasar la puerta y encontrarse a primera vista con la copa del árbol que va a sustentar la red de alturas y proporciones internas. Un ejemplar de arrayán, especie seleccionada por su capacidad para resistir condiciones de luz moderada y que fue plantado en el patio de doble altura del sótano y salón de juegos.
Aunque contenido por muros y entrepiso, funciona como un anfitrión visual tan inesperado como misterioso. Su ventilación e iluminación son filtradas a través del amplio ventanal del patio interior trasero, complementando la casa en un ambiente fresco y vital que permite la relación permanente de la familia con la naturaleza.

El árbol proporciona un punto de referencia natural y orgánico que contrasta con la rigidez geométrica de los muros blancos, crece junto a los miembros de la familia y, como una paradoja del aislamiento que expone en la fachada, demuestra lo necesaria que resulta la conexión con el exterior y les permite una relación biofílica permanente.

Luz natural y materialidad
Además del follaje del arrayán como un material natural que da contraste y calidez espacial, aparece la luz como uno de los elementos esenciales de la obra. Gracias a su manejo, el blanco de los muros no es un color estático, sino un lienzo que capta los cambios de la iluminación a lo largo del día y que se destaca en varias estancias:

La del ventanal alto orientado al sur que baña de luz la sala comedor y las dobles alturas concatenadas.
La ventana de la terraza que permite la entrada de la luz de la mañana y baña el último tramo de la escalera.
La del gran ventanal del patio trasero que viene del poniente y alumbra tanto al sótano como a la sala y comedor.
Así, la paleta material reducida a tres componentes principales, piedra, madera y blanco, refuerza el carácter de la vivienda, evita distracciones ornamentales y encuentra en la luz natural un componente que suma tonalidades y crea ambientes diferentes de un mismo espacio.

La síntesis del refugio
La Cueva es entonces un ejercicio donde la arquitectura de sección y la proporción de los llenos sobre los vacíos —donde el lleno es mayor para garantizar la introspección— logran crear un microclima de tranquilidad.
Es un proyecto que demuestra que la arquitectura no necesita abrirse indiscriminadamente al exterior para ser luminosa sino que por el contrario, a través de una planificación de los patios y las dobles alturas, puede crear una fluidez espacial compleja.
Esta obra confirma que el orden geométrico y la iluminación pueden transformar un cubo cerrado en una experiencia espacial compleja y funcional, donde el vacío toma forma y la luz se convierte en un material de construcción principal.




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