¿Puede una casa de 4.5 metros de ancho sentirse amplia? | Casa Tamarindo de Studio Moca + Gadex
- Revista Focus
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DATOS DEL PROYECTO:
PROYECTO: Casa Tamarindo.
ARQUITECTO: Studio Moca + Gadex.
ARQUITECTOS LÍDERES: Luis Morales + Eric Puc.
FOTOGRAFÍA: Manolo R. Solís.
UBICACIÓN: Barrio de Santiago, Mérida, Yucatán, México.
AÑO: 2024.
SUPERFICIE: 215 m² según ArchDaily / 221 m² de área útil según El Arqui MX.
TIPOLOGÍA: Vivienda residencial / Airbnb / remodelación.
NIVELES: 2.
MATERIALIDAD PRINCIPAL: Chukum, piedra, madera, rajuela local y elementos originales restaurados.

Hay casas que necesitan muchos metros para sentirse generosas. Y luego está Casa Tamarindo, una vivienda en el barrio de Santiago, en Mérida, que parece hacerse una pregunta mucho más interesante: ¿qué tan amplia puede sentirse una casa cuando apenas tiene 4.5 metros de frente?
Diseñada por Studio Moca + Gadex, Casa Tamarindo trabaja con una condición muy común en los centros históricos: lotes angostos, preexistencias valiosas, fachadas que forman parte del tejido urbano y una necesidad casi quirúrgica de introducir luz y ventilación sin romper la memoria del lugar. En ese escenario, la arquitectura no podía confiar en la amplitud horizontal. Tenía que encontrar otra estrategia.
Y la encontró en la secuencia.
Casa Tamarindo no intenta resolver su estrechez como un problema que debe esconderse. La usa como punto de partida para construir una experiencia lineal, íntima y cambiante, donde cada espacio se abre hacia jardines, patios, sombras y materiales que hacen que la casa respire más de lo que su frente deja imaginar.
Porque a veces una casa no se mide por su ancho, sino por la forma en que sabe respirar.
Una fachada que no quiso desaparecer

Uno de los primeros gestos del proyecto fue conservar la fachada original como parte del tejido histórico del centro de Mérida. Esta decisión no es solamente estética. En una ciudad donde muchas remodelaciones oscilan entre la restauración escenográfica y la sustitución total, mantener la fachada implica reconocer que la casa forma parte de una continuidad urbana.
La calle no recibe un objeto nuevo disfrazado de contemporáneo. Recibe una presencia que respeta el ritmo del barrio, pero que al interior se transforma por completo.
También se conservaron y restauraron las vigas de madera de la primera crujía, integrándolas al nuevo lenguaje arquitectónico. Este punto es importante porque evita que la intervención se vuelva una ruptura abrupta entre pasado y presente. Casa Tamarindo no borra la casa anterior para inventar otra; trabaja con sus rastros.
¿No es interesante? A veces lo más contemporáneo que puede hacer una remodelación no es eliminar lo viejo, sino darle una segunda oportunidad dentro de una vida nueva.
Y detrás de esa fachada conservada, la casa empieza a revelar su verdadero carácter.
Una casa angosta que se ensancha con luz

Con apenas 4.5 metros de ancho, Casa Tamarindo necesitaba que la luz natural no fuera un lujo, sino una herramienta estructural. Por eso, el proyecto se organiza mediante aberturas hacia jardines exteriores e interiores que permiten entrada de luz, ventilación cruzada y un juego constante de sombras.
La casa no se ilumina de una sola forma. La luz aparece por partes. Entra desde jardines, rebota sobre superficies claras, toca la piedra, cruza los vanos y acompaña el recorrido durante el día. Esto hace que la vivienda no se perciba como un pasillo largo y oscuro, sino como una secuencia de pausas.
En arquitectura, un patio pequeño puede hacer más por una casa que una ventana enorme mal colocada. Aquí, los jardines frontal y posterior funcionan como pulmones verdes, pero también como reguladores de escala. Permiten que el interior tenga momentos de expansión sin perder intimidad.
Casa Tamarindo demuestra que una vivienda angosta no necesariamente debe sentirse comprimida. Si el recorrido está bien pensado, la estrechez puede volverse una forma de descubrir.
Chukum, piedra y madera para bajar el ritmo

La materialidad del proyecto trabaja desde una paleta sobria y cálida: chukum, piedra y madera. No hay una saturación de acabados ni una búsqueda de protagonismo artificial. La casa encuentra su carácter en la textura, en la temperatura visual y en la manera en que los materiales dialogan con el clima yucateco.
El chukum aporta continuidad y suavidad. La piedra introduce peso y raíz. La madera recupera calidez y memoria. Juntos construyen una atmósfera que no necesita gritar para sentirse profundamente situada en Yucatán.
Y esto vale la pena subrayarlo: Casa Tamarindo no usa lo local como decoración. No toma los materiales regionales para convertirlos en una postal turística, sino para hacer que la casa tenga coherencia climática, táctil y cultural.
En Mérida, la arquitectura tiene que negociar con el calor, la humedad y la intensidad de la luz. Por eso, la sombra importa tanto como el muro. La ventilación importa tanto como la forma. Y la textura importa tanto como la fotografía.
Esta casa parece entenderlo con naturalidad.
Una sala que baja para mirar mejor
Uno de los momentos más interesantes del proyecto ocurre en la sala, que se hunde algunos escalones por debajo del nivel principal. Este cambio de altura no es un capricho. Al descender, el espacio gana intimidad, jerarquía y una relación más intensa con el jardín interior.
La sala deja de ser simplemente un lugar de estancia para convertirse en una pausa espacial. Bajar unos escalones modifica la percepción del cuerpo. El techo se siente distinto, la luz llega de otra manera y el muro de doble altura revestido en rajuela local se convierte en el eje visual y emocional del conjunto.

Ese muro es clave. Su textura no solo decora; ancla la mirada. En una casa angosta, donde cada dirección visual cuenta, un elemento vertical de esa escala permite que el espacio se sienta más profundo, más alto y más contenido.
La sala semienterrada entonces produce un efecto inesperado: en lugar de reducir la sensación de amplitud, la intensifica. El descenso genera refugio; la doble altura genera expansión. Y entre ambas condiciones aparece una atmósfera muy precisa: íntima, sobria y serena.
La sorpresa como estrategia doméstica
Studio Moca + Gadex plantean Casa Tamarindo como una arquitectura emocional, donde cada espacio pueda convertirse en una sorpresa. Y esa palabra, “sorpresa”, es importante porque ayuda a entender el proyecto más allá de su ficha técnica.
La casa no sorprende por exceso. No necesita una forma extravagante ni una fachada espectacular. Sorprende por cambios sutiles: una altura que baja, un jardín que aparece, un muro que se vuelve protagonista, una sombra que se desplaza, una viga restaurada que recuerda la casa anterior.

En un terreno estrecho, la sorpresa funciona casi como una herramienta de amplitud. Si todo se revelara de inmediato, la casa se agotaría demasiado rápido. Pero al fragmentar la experiencia en transiciones, patios, texturas y cambios de escala, el recorrido se alarga emocionalmente.
Y eso es lo que hace que Casa Tamarindo se sienta más grande de lo que parece: no por sumar metros, sino por multiplicar momentos.
Una casa para habitar la memoria sin congelarla
Casa Tamarindo encuentra su mayor valor en esa convivencia entre memoria e innovación. Conserva la fachada original y las vigas de madera, pero no se queda en una restauración nostálgica. Introduce jardines, ventilación, chukum, piedra, madera, sala hundida, rajuela local y una secuencia espacial contemporánea que responde a nuevas formas de uso.

Como vivienda residencial y Airbnb, el proyecto también debe resolver una doble condición: ser casa y experiencia. Debe alojar, pero también dejar memoria en quien la visita. Y para lograrlo no depende de una estética exagerada, sino de algo más difícil: equilibrio.
La casa se siente íntima sin ser cerrada. Sobria sin ser fría. Contemporánea sin borrar su pasado. Local sin convertirse en cliché.
En una época donde muchas remodelaciones buscan parecer recién hechas, Casa Tamarindo propone algo distinto: parecer transformada, no reemplazada.
Tal vez por eso resulta tan atractiva. Porque en apenas 4.5 metros de ancho, logra reunir lo que muchas casas mucho más grandes no siempre consiguen: luz, sombra, memoria, textura, ventilación y una experiencia que se revela paso a paso.
¿Tú vivirías en una casa que, en lugar de presumir amplitud desde la fachada, la va construyendo lentamente desde el interior?














































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