Un lugar donde crecer es aprender | CDI Centro de Desarrollo Infantil El Guadual
- Arq. Pablo Vazquez

- hace 19 horas
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Autor: Pablo Vazquez.
Amante de descubrir nuevos lugares y adicto al trabajo, en resumen, un arquitecto.
PROYECTO: Centro de Desarrollo Infantil El Guadual.
ARQUITECTO: Daniel Joseph Feldman Mowerman + Iván Darío Quiñones Sánchez.
FOTOGRAFÍA: Iván Darío Quiñones Sánchez.
UBICACIÓN: Villa Rica, Cauca, Colombia.
AÑO: 2013.
SUPERFICIE: 1,823 m².
¿Puede un edificio enseñar antes incluso de que alguien entre a un aula?
Cuando pensamos en espacios para la infancia, muchas veces imaginamos aulas, juegos o mobiliario colorido. Pero hay proyectos que van más allá y entienden que el aprendizaje no comienza en un pizarrón, sino en cada recorrido, en cada decisión y en cada interacción con el entorno.

El Centro de Desarrollo Infantil El Guadual, ubicado en Villa Rica, Colombia, es uno de esos proyectos donde la arquitectura no solo alberga educación: la construye.
Arquitectura que nace de la comunidad
Antes de ser un edificio, El Guadual fue un proceso.
Durante dos años, el proyecto se desarrolló a partir de talleres participativos donde niños, madres, familias y líderes comunitarios formaron parte activa del diseño. No se trataba únicamente de construir un espacio funcional, sino de generar identidad, pertenencia y apropiación.

¿Te imaginas crecer en un lugar que ayudaste a diseñar?
Este enfoque transforma completamente el papel de la arquitectura. Aquí, el proyecto deja de ser un objeto impuesto y se convierte en un reflejo directo de la comunidad que lo habita.
Un espacio que educa más allá del aula
El Guadual atiende a cientos de niños en su primera etapa de vida, pero su impacto va mucho más allá de lo educativo en términos tradicionales.
© Ivan Dario Quiñones Sanchez
El diseño sigue principios de la metodología Reggio Emilia, donde el espacio se entiende como un “tercer maestro”. Es decir, no solo se aprende de los docentes o de otros niños, sino también del entorno construido.
Las aulas, por ejemplo, cuentan con múltiples accesos y salidas. Este gesto aparentemente simple introduce algo fundamental: la toma de decisiones.
Entrar, salir, explorar… cada movimiento se convierte en aprendizaje.

Los baños, integrados directamente a los espacios, fomentan la autonomía desde edades tempranas. Aquí, los niños no esperan instrucciones: participan activamente en su propio proceso de crecimiento.
Un recorrido abierto, flexible y vivo
A diferencia de los modelos escolares tradicionales, donde los espacios suelen ser rígidos y cerrados, El Guadual propone una arquitectura abierta y permeable.
Los recorridos no son lineales ni restrictivos. Son libres, fluidos, pensados para que el niño explore, descubra y se relacione con otros.
Pero hay algo aún más interesante: el proyecto no se cierra en sí mismo.

El conjunto incorpora espacios como un aula múltiple, un cine al aire libre y áreas públicas que permanecen abiertas a la comunidad fuera del horario escolar.Entonces, la pregunta cambia:
¿Es una escuela… o es un espacio comunitario que educa a toda una población?
© Ivan Dario Quiñones Sanchez
Materiales que cuentan una historia
Uno de los aspectos más sensibles del proyecto está en su materialidad.

El uso de concreto con textura de esterilla no es una decisión estética aislada. Es un gesto cargado de memoria: remite a las antiguas construcciones en tapia pisada que formaban parte de la identidad local.

De la misma forma, las guaduas utilizadas en el cerramiento son protegidas con botellas recicladas, recolectadas y pintadas por la propia comunidad.
Nada aquí es decorativo por accidente. Cada material habla de contexto, de historia y de colaboración. Cada elemento construye una narrativa donde la arquitectura se convierte en un puente entre pasado, presente y futuro.

Estrategias simples, impacto profundo
El Guadual demuestra que no se necesita tecnología compleja para lograr una arquitectura eficiente y responsable.
A través de estrategias pasivas como:
Ventilación natural.
Iluminación controlada.
Orientación adecuada.
Recolección de agua.
El proyecto logra condiciones ambientales confortables y sostenibles. Pero más allá del desempeño técnico, hay una intención clara: enseñar también desde el ejemplo.
Porque cuando un niño crece en un espacio que respeta el clima, los recursos y el entorno… aprende, sin darse cuenta, a hacer lo mismo.

Construir comunidad desde la infancia
El impacto del proyecto no se limita a quienes lo habitan diariamente.
Durante su construcción, El Guadual generó empleo local, capacitación y oportunidades para decenas de personas. Y una vez en funcionamiento, se consolidó como un nuevo núcleo urbano donde convergen educación, cultura y comunidad.

Aquí, la arquitectura no solo responde a una necesidad: activa dinámicas sociales. Y eso abre una reflexión importante:
¿Y si los espacios para la infancia fueran también el punto de partida para transformar ciudades completas?
Un lugar donde el futuro empieza hoy
El Centro de Desarrollo Infantil El Guadual no es un edificio espectacular en el sentido tradicional. No busca imponerse ni llamar la atención desde lo formal.
Su valor está en algo mucho más profundo: en cómo entiende la infancia, en cómo integra a la comunidad y en cómo utiliza la arquitectura como una herramienta de cambio. Aquí, aprender no es una actividad aislada. Es una experiencia constante que ocurre en cada espacio, en cada material y en cada interacción.

Porque al final, diseñar para la infancia no se trata solo de crear lugares para crecer… sino de construir las bases de cómo queremos que crezcan nuestras sociedades.
Gracias por leer te dejo con la galeria y planos de este proyecto:
REFERENCIAS:




























































































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